13 de agosto de 2007

Asístole


Nun liebe Kinder gebt fein acht
ich bin die Stimme aus dem Kissen
ich hab euch etwas mitgebracht
hab es aus meiner Brust gerissen

Mit diesem Herz hab ich die Macht
die Augenlider zu erpressen
ich singe bis der Tag erwacht
ein heller Schein am Firmament
Mein Herz brennt

George Orwell - 1984 (Fragmento)

Algún día, decidirían matarlo. Era imposible saber cuándo ocurriría, pero unos segundos antes podría adivinarse. Siempre lo mataban a uno por la espalda mientras andaba por un pasillo. Pero le bastarían diez segundos. Y entonces, de repente, sin decir una palabra, sin que se notara en los pasos que aún diera, sin alterar el gesto…podría tirar el camuflaje y ¡bang!, soltar las baterías de su odio. Sí, en esos segundos anteriores a su muerte, todo su ser se convertiría en una enorme llamarada de odio. Y casi en el mismo instante ¡bang!, llegaría la bala, demasiado tarde, o quizá demasiado pronto. Le habrían destrozado el cerebro antes de que pudieran considerarlo de ellos. El pensamiento herético quedaría impune. No se habría arrepentido, quedaría para siempre fuera del alcance de esa gente. Con el tiro habrían abierto un agujero en esa perfección de que se vanagloriaban. Morir odiándolos, esa era la libertad.

12 de agosto de 2007

Cruz

¿Qué hacer? Sólo queda llorar lágrimas de cerveza y mirarse los pies, fijos en la encrucijada por obra y gracia de dos clavos de nueve pulgadas. Rotar la cabeza, mirar el brazo derecho y descartar su accionar por impracticable. A su turno, volver la vista al izquierdo y escupir la mano siniestra e inútil. Gritarle en tono marcial a los talones, aplastarles la voluntad. Y, por último, musitarle dulcemente a los dedos de los pies, con el mismo tono que se usaría para amansar un caballo encabritado, para luego plantarles una zanahoria por delante, un cebo que les despierte el apetito.
Es lo que pasa cuando el cielo se torna anaranjado, lleno de humo espeso y pestilente; cuando el viento que rumorea su indecisión a través de las ramas desnudas no parece de este mundo; cuando el rostro se llena de deformaciones globulares y ya deja de ser propio. Cuando el látigo resuena en la espalda cobarde, que se deshace en lamentos de mármol viejo, negándose una y otra vez, y otra vez de nuevo, quebrándose, desmoronándose en cientos de pedazos de hueso y en ríos medulares. Y diciendo que no por un rato más.
Entonces, hay que levantar el mentón, endurecer la mirada, subirse el cuello del abrigo y patear piedras hacia adelante. Y a no quejarse cuando desde las sombras se devuelve el golpe. Las transfiguraciones no son cosas de todos los días, pero tampoco deberían ser una excusa para actuar como fotocopias de héroes de la peor calaña. Menos aún deberían existir quejas cuando se cruza un pie por delante del otro para terminar de bruces en el suelo. Ese acto solo se merece risas desmadejadas, pétalos de rosa carcomidos por pulgones y salpicaduras de vino rancio, que después será convenientemente transformado en agua de bautismo para niños nacidos de uniones incestuosas.
Lo mejor sería montarse en un corcel de acero y convertirse en un cowboy del infierno, en el quinto jinete del Apocalipsis, el que esparce la enfermedad del orgullo inverso y sin raíces, ese que se homologa con mordeduras sonrientes y con humillación incorpórea. El mismo que nos hace mirarnos en el reflejo convexo de una cuchara lustrada y no ver más que estupidez encarnada en formas ondulantes, un pretexto más para la masacre autista. Pero no…por más cuerpos laxos que sostenga el suelo, lo cierto es que mañana, muy probablemente, hará frío. Y que, por lo visto, los dedos de los pies ya olieron la carnada. ¡Ecce femina!

10 de agosto de 2007

Fiodor Dostoievsky - Memorias del subsuelo (Fragmento)

Aún ahora, luego de tantos años, ese recuerdo sigue siendo extraordinariamente vívido y molesto. Tengo muchos recuerdos desagradables, pero...¿por qué no interrumpir aquí estas memorias? Me parece que fue un error comenzarlas. Sin embargo, por lo menos me he sentido avergonzado durante todo el tiempo en que las escribí, de modo que no son literatura sino un castigo y una expiación. Por supuesto no es muy interesante hacer un largo relato de cómo envenené mi vida por desintegración moral en mi húmedo agujero, por mi falta de unión con otros seres, por rencor y vanidad. Juro que no tiene interés literario alguno, pues una novela necesita un héroe, en tanto que yo he reunido aquí, casi en forma deliberada, todas las características de un antihéroe. Es inevitable que estas memorias produzcan una impresión de repugnancia, porque todos nosotros hemos perdido contacto con la vida, y todos, en cierto sentido, estamos tullidos. Hemos perdido contacto hasta tal punto, que sentimos disgusto por la vida tal como se la vive en realidad, y no podemos soportar que nos lo recuerden. Hemos llegado a un punto en que consideramos la vida real como un trabajo - casi como un trabajo penoso -, y convenimos en secreto que es del todo mejor la manera en que se la representa en la literatura. ¿Y a qué viene todo ese alboroto? ¿Por qué levantar tanto la nariz? ¿Qué exigimos? No lo sabemos. Si nuestros caprichosos deseos fueran concedidos, nosotros seríamos quienes más sufriríamos. Bueno, prúebenlo ustedes; pidán más independencia. Tomen a cualquiera, desátenle las manos, ensanchen su campo de actividades, aflojen la disciplina, y...bueno, créanme, en seguida querrán que le vuelvan a imponer la misma disciplina. Sé que lo que digo les molestará, que los hará patear el suelo y gritar:
- Habla por ti y por tus desdichas en tu maloliente agujero, pero no te atrevas a hablar de todos nosotros.
Pero escúchenme un momento. No trato de justificarme cuando hablo de todos nosotros. Por mi parte, lo único que hice fue llevar al límite lo que ustedes no se atrevieron a dejar siquiera a mitad de camino; confunden su cobardía con espíritu razonable, y gracias a ello se sienten mejor. De manera que, en definitiva, podría resultar que yo estoy más vivo que ustedes. ¡Vamos, mírenlo otra vez! ¡Pero si hoy ni siquiera sabemos dónde está la verdadera vida, qué es, ni cómo se la encuentra! Si nos quedamos sin literatura nos confundimos y nos sentimos perdidos; no sabemos a qué unirnos, qué tolerar; qué amar, qué odiar; qué respetar, qué despreciar. Hasta nos resulta molesto ser hombres, hombres de verdad, de carne y sangre, con nuestro propio cuerpo; nos avergonzamos de él y ansiamos convertirnos en algo hipotético denominado el hombre corriente. Hemos nacido muertos, y durante mucho tiempo nos pusieron en el mundo padres que están muertos a su vez. Y eso nos gusta cada vez más. Sentimos verdadero placer, por así decirlo. Pronto inventaremos una manera de ser engendrados del todo por las ideas. Pero basta; ya me he cansado de escribir estas memorias del subsuelo.

9 de agosto de 2007

Opresión


Recordando el mal momento
Atrincherado en tu habitación
Soledad, humo y penumbras
Despertares de ultratumba

Apocalipsis del sustento interior
Andar sin encontrarle alivio al tormento
Desesperante, mórbida aflicción
Del visitante y su castigo

8 de agosto de 2007

Youthanasia urgente

No se xq siempre escribo cdo estoy tizte =(
Y bueno, hoy no se por que o cual razón toy happy...
So, solo quería manifestarlo para que algún día cuando este tizte again me acuerde que hubo dias en los que taba feliz!! jaja
Tengo muchas ideas en la capocia que tengo ganas de postear, pero x lo gral son muy stupid... pero bue estan ahi y en algun lado hay q ponerlas. Cdo disponga de tiempo lo voy hacer.
Otra idea que tengo pero q no me parece tan estupida es la de mostrar mi colección de tazas. Para los q no saben yo colecciono tazas y bue quiero postear de a una las fotos de mis tazas y hacer una breve reseña de la historia de cada taza, hace cuanto la tengo, donde la compre o quien me la regalo, etc etc..
Por ahora solo esto.
Bye bye.


(Para casos como éstos, Slayer compuso la frase I hate the fact that we breathe the same air)

The blessed hellride


Break me down and roll me once again
Got no time to think of now and then
Catch my breath, pick myself up off the floor
One more drink, a nervous breakdown, then another war

Oh, you can never get too low
When you're so damn high
Oh, been out rolling
On the blessed hellride

Through the lines, ain't no in betweens
Gardens of filth, the obscure and the obscene
Catch my breath, pick myself up off the floor
One more drink, a nervous breakdown, then another war

Oh, you can never get too low
When you're so damn high
Oh, been out rolling
On the blessed hellride

You can never get too low when you're so damn high
On the blessed hellride