El mes que viene... eso espero.
20 de julio de 2009
4 de enero de 2009
But all the drugs in this world won't save her from herself...
29 de septiembre de 2008
Abelardo Castillo - Also sprach el señor Núñez (Fragmento)
–Buen día, miserables.
Veinte empleados, tres jefes de sección y un gerente sintieron recorrido el espinazo por una descarga eléctrica que los unía en misterioso circuito. En el silencio sepulcral de la oficina, las palabras de Núñez resonaron fantásticas, lapidarias, apocalípticas, increíbles. Nadie habló ni se movió.
–Buen día, he dicho, miserables.
Núñez, con calma, corrió su escritorio hasta ponerlo frente a los demás y, como un catedrático a punto de dar una clase magistral, apoyó el puño derecho sobre el mueble, estiró a todo lo largo el brazo izquierdo y apuntando al cielo raso con el índice, dijo:
–Cuando un hombre, por un hecho casual, o por la síntesis reflexiva de sus descubrimientos cotidianos, comprende que el mundo está mal hecho, que el mundo, digamos, es una cloaca, tiene que elegir entre tres actitudes: o lo acepta, y es un perfecto canalla como ustedes, o lo transforma, y es Cristo o Lenin, o se mata. Señores míos, yo vengo a proponerles que demos el ejemplo y nos matemos de inmediato.
27 de septiembre de 2008
26 de agosto de 2008
William Burroughs - Yonqui (Fragmento)
Me hizo la pregunta que hacen todos:
–¿Por qué siente la necesidad de consumir droga, señor Lee?
Cuando se oye esa pregunta, se puede estar completamente seguro de que quien la hace no sabe absolutamente nada de la droga.
–La necesito para salir de la cama por las mañanas, para afeitarme y para tomar el desayuno.
–Quiero decir físicamente
Me encogí de hombros. Lo mejor habría sido darle la respuesta que quería, para que se fuera: "Me causa placer".
La droga no causa placer. Para un yonqui, la droga es importante porque es lo que causa la adicción. Nadie sabe lo que es la droga hasta que se tiene el síndrome de abstinencia.
El médico asintió. Personalidad psicopática. Se levantó. Bruscamente, cambió de cara y arboló una sonrisa obviamente dirigida a mostrar su comprensión y diluir mi reticencia. Esa sonrisa se fue esfumando y se transformó en una mueca lúbrica y demente. Se inclinó hacia adelante y colocó su sonrisa junto a mi cara.
–¿Su vida sexual es satisfactoria? –preguntó–. ¿Sus relaciones sexuales con su mujer son satisfactorias?
–¡Oh, si! –respondí–. Cuando no estoy drogado.
Se enderezó. Mi respuesta no le había gustado en absoluto.
–Muy bien, volveré a visitarlo.
Enrojeció y se fue hacia la puerta, avergonzado. Me di cuenta de que era un farsante en cuanto entró a la habitación –era evidente que montaba aquel número de seguridad en sí mismo para él y para los demás–, pero esperaba que mantuviera su pose con más energía.
El médico le explicó a mi mujer que mi pronóstico era muy malo. Mi actitud ante la droga era "Bueno, ¿y qué?". Podía preverse una recaída porque los condicionamientos psíquicos de mi adicción no habían variado. No podía hacer nada por mí si yo no cooperaba voluntariamente. Si conseguía mi cooperación, podría, al parecer, desarmar mi psique y volverla a armar en ocho días.
26 de junio de 2008
Inter(hiper)textualidad
16 de junio de 2008
Guy de Maupassant - Loco (Fragmento)
¡Ah! ¡Ésa es la clave del problema! ¡Matar es un crimen porque hemos numerado a los seres! Cuando nacen se les registra, se les da un nombre, se les bautiza. La ley se apodera de ellos. ¡Eso es! El ser que no está inscrito no cuenta: matadlo en el páramo o en el desierto, matadlo en la montaña o en el llano, ¿qué importa? La naturaleza ama la muerte; ¡ella no castiga, no!
Lo que es sagrado, ¡no faltaba más!, es el registro civil. ¡Eso es! Es él el que defiende al hombre. El ser es sagrado porque está inscrito en el registro civil. Respetad al registro civil, al Dios legal. ¡De rodillas!
El Estado puede matar, por su parte, porque tiene derecho a modificar el registro civil. Cuando ha sacrificado a doscientos mil hombres en una guerra, los borra del registro civil, los suprime a manos de sus escribientes. Se acabó. Pero nosotros, que no podemos cambiar los libros de los ayuntamientos, debemos respetar la vida. ¡Registro civil, gloriosa divinidad que reinas en los templos de las municipalidades, te saludo! Eres más fuerte que la naturaleza. ¡Ja, ja!
19 de mayo de 2008
9 de mayo de 2008
Leopoldo Marechal - Adán Buenosayres (Fragmento)
4 de mayo de 2008
"How can such a nasty piece of work take such beautiful pictures?"


7 de abril de 2008
Ed Tom Bell
23 de febrero de 2008
J. D. Salinger - Teddy (Fragmento)
–¡Teddy, diablos! ¿Me escuchas?
Teddy giró la cintura, sin cambiar la posición vigilante de sus pies sobre la maleta, y dirigió a su padre una mirada inquisitiva, franca y pura. Sus ojos, de un color castaño pálido, no muy grandes, eran levemente bizcos, el izquierdo más que el derecho. No eran tan estrábicos como para desfigurarlo, ni siquiera para llamar la atención a primera vista. Eran sólo lo bastante bizcos como para mencionarlo, y sólo en relación con el hecho de que uno tenía que pensarlo larga y seriamente antes de desear que fueran más derechos, o más profundos, o más oscuros o más separados. Su cara, tal cual era, transmitía la sensación, aunque oblicua y lenta, de la verdadera belleza.
–Quiero que te bajes de esa maleta ahora mismo. ¿Cuántas veces quieres que te lo diga? –dijo el señor McArdle.
–Quédate exactamente donde estás, querido –dijo la señora McArdle, que evidentemente tenía problemas con su sinusitis por la mañana temprano. Tenía los ojos abiertos, pero a duras penas –No te muevas ni un centímetro –Se hallaba tendida sobre el costado derecho, con la cara vuelta hacia la izquierda, mirando a Teddy y al ojo de buey, y la espalda hacia su marido. La sábana de arriba tapaba por completo su cuerpo probablemente desnudo, cubriéndole brazos y todo lo demás, hasta el mentón– Salta para arriba y para abajo –dijo, cerrando los ojos– Aplasta la maleta de papá.
–Es algo muy brillante lo que acabas de decir –dijo el señor McArdle con una calma que quería ser firme– Pagué veintidós libras por una maleta, y le pido de bue modo al chico que no suba en ella, y tú le dices que salte encima. ¿De qué se trata? ¿Es un chiste?
–Si esa maleta no puede aguantar el peso de un chico de diez años, que tiene seis kilos menos de lo que debe pesar por su edad, no quiero esa maleta en mi camarote –dijo la señora McArdle sin abrir los ojos.
–¿Sabes lo que me gustaría hacer? –dijo el señor McArdle– Partirte la cabeza de un puntapié.
–¿Por qué no lo haces?
El señor McArdle se incorporó bruscamente sobre un codo y apagó la colilla en el vidrio de la mesita de noche.
–Uno de estos días... –empezó a decir con todo intimidatorio.
–Uno de estos días te va a dar un ataque al corazón y va a ser trágico, muy trágico –dijo la señora McArdle, gastando un mínimo de energía. Sin sacar los brazos de debajo de la sábana, se envolvió aun más en ésta– Habrá un sepelio discreto y de buen gusto, y todos preguntarán quién es esa atractiva mujer vestida de rojo sentada en la primera fila, coqueteando con el organista y haciendo un endiablado...
–Eres tan asquerosamente chistosa que ni siquiera resulta chistoso –dijo el señor McArdle, cayendo otra vez de espaldas, inerte.
9 de enero de 2008
Fiodor Dostoievsky - El jugador (Fragmento)
- ¡Qué idea tan idiota! - exclamó el general.
- ¡Qué idea tan rusa! - exclamó el francés.
Yo me reía y me moría de ganas de hacerlos enojar.
- Preferiría permanecer toda mi vida en una tienda de kirguises - exclamé - que adorar al ídolo alemán.
- ¿A qué ídolo? - gritó el general casi furioso.
- A la capacidad alemana de enriquecerse. Estoy aquí desde hace muy poco tiempo y, sin embargo, lo poco que veo hace sublevar mi naturaleza tártara. ¡Qué virtudes! Ayer recorrí unos diez kilómetros por los alrededores. Bien, es exactamente lo mismo que en esos pequeños libros alemanes ilustrados que tratan sobre moral; todas las casas tienen aquí su padre, su Vater, virtuoso y honrado. Tan honrado que uno no se atreve a hablar con él. Por la noche toda la familia lee obras edificantes. En torno de la casita se oye el silbido del viento sobre los olmos y los castaños. El sol poniente dora el tejado donde se para la cigüeña, espectáculo poético y conmovedor. Recuerdo que mi difunto padre nos leía por la noche, a mi madre y a mí, libros muy semejantes, también bajo los tilos del jardín...juzgo con conocimiento de causa. Pues bien, aquí parece que cada familia se halla en la servidumbre, sometida al Vater. Cuando el Vater ha reunido cierta suma, manifiesta su intención de transmitir a su hijo mayor su oficio o las tierras. Con eso se le niega la dote a una hija que queda condenada al celibato. El hijo menor debe buscar empleo o trabajar como sea, y sus ganancias van a engrosar el capital paterno. Sí, esto se hace aquí, estoy bien informado. Y todo ello no tiene otra causa que la honradez, una honradez llevada al extremo, y el hijo menor se imagina que es por honradez que se le explota. ¿No es esto un ideal, cuando la víctima se regocija de ser llevada al sacrificio? ¿Y después? El hijo mayor no es mucho más feliz. Tiene en alguna parte una Amalchen, la elegida de su corazón, pero no puede casarse con ella porque hace falta una determinada suma de dinero. Ellos también esperan por no faltar a la honradez y van al sacrificio sonriendo. Las mejillas de Amalchen se agrietan, la pobre muchacha se marchita. Finalmente, luego de veinte años, la fortuna ha aumentado, los florines han sido virtuosamente adquiridos. Entonces el Vater bendice la unión de su hijo mayor de ya cuarenta años con Amalchen, joven muchacha de sólo treinta y cinco, con el pecho hundido y la nariz roja. En esta ocasión vierte lágrimas, predica la moral y exhala a veces el último suspiro. El hijo mayor se convierte entonces en un virtuoso Vater y vuelta a empezar. Dentro de cincuenta o sesenta años, el nieto del Vater conseguirá un cuantioso capital y lo transmitirá a su hijo; éste al suyo y después de cinco o seis generaciones, aparece, por fin, el barón de Rothschild, Hope y Compañía o Dios sabe qué. ¿No es acaso un espectáculo grandioso? He aquí el resultado de uno o dos siglos de trabajo, de esfuerzo, de honradez, he aquí a dónde lleva la severidad, la economía, el cálculo, la cigüeña sobre el tejado. ¿Qué más se puede pedir? Más alto que esto ya no hay nada, y esos ejemplos de virtud juzgan al mundo entero condenando a aquellos que no los siguen. Pues bien, yo prefiero más divertirme a la rusa o intentar enriquecerme en la ruleta. No quiero ser Hope y Compañia al cabo de cinco generaciones. Tengo necesidad de dinero para mí mismo y no me considero un apéndice necesario del capital. Ya sé que exagero un poco, pero me alegra que esto sea lo que creo.
25 de diciembre de 2007
Ay, hijoderemilputas...
Un día el bote volcó y el premio a pique se fue, todos te daban por muerto. Y vos allí, en mi remolque sin luz, como un polizón...
Mirá qué tipo espeso, sumiso como un guiso más. Un vago de mil caravanas a punto de quedar a pie. Fundiendo plomo lográs chorros de oro cochino en besos de lo más desnudos. Pero el café, con tu suerte, se enfría en mi mesa fría.
Apuntamos a tu nariz, hundimos tus pómulos y vos resplandecías. No te quedó sueño por vengar
y ya no esperás que te jueguen limpio nunca más.
Salando las heridas, jodiste a todo Cristo y más. A boluditos de la luna y tipas porno-nazi look. Un día el bote volcó y el premio a pique se fue. Todos te daban por muerto. Y vos allí, en mi remolque sin luz, como un polizón...
Tu lengua se derrite en modas de la rabia de hoy. Cuando enfermás con tanta gana, cerrás las filas del dolor. Fundiendo plomo lográs chorros de oro cochino en besos de lo más desnudos. Pero el café, con tu suerte, se enfría en mi mesa fría.
Apuntamos a tu nariz, hundimos tus pómulos y vos resplandecías. No te quedó sueño por vengar
y ya no esperás que te jueguen limpio nunca más.
21 de diciembre de 2007
17 de diciembre de 2007
Lewis Carroll - You are old, Father William
"You are old, Father William", the young man said,
"And your hair has become very white;
And yet you incessantly stand on your head
Do you think, at your age, it is right?"
"In my youth", Father William replied to his son,
"I feared it might injure the brain;
But, now that I'm perfectly sure I have none,
Why, I do it again and again."
"You are old", said the youth, "as I mentioned before,
And have grown most uncommonly fat;
Yet you turned a back-somersault in at the door
Pray, what is the reason of that?"
"In my youth", said the sage, as he shook his gray locks,
"I kept all my limbs very supple
By the use of this ointment - one shilling the box -
Allow me to sell you a couple?"
"You are old", said the youth, "and your jaws are too weak
For anything tougher than suet;
Yet you finished the goose, with the bones and the beak
Pray, how did you manage to do it?"
"In my youth", said his father, "I took to the law,
And argued each case with my wife;
And the muscular strength which it gave to my jaw
Has lasted the rest of my life."
"You are old", said the youth, "one would hardly suppose
That your eye was as steady as ever;
Yet you balanced an eel on the end of your nose
What made you so awfully clever?"
"I have answered three questions, and that is enough,"
Said his father; "don't give yourself airs!
Do you think I can listen all day to such stuff?
Be off, or I'll kick you down-stairs!"
16 de diciembre de 2007
Rodolfo Walsh - Operación Masacre (Fragmentos)
En ese mismo lugar, seis meses antes, nos había sorprendido una medianoche el cercano tiroteo con que empezó el asalto al comando de la Segunda División y al Departamento de Policía, en la fracasada revolución de Valle. Recuerdo cómo salimos en tropel, los jugadores de ajedrez, los jugadores de codillo y los parroquianos ocasionales, para ver qué festejo era ese, y cómo a medida que nos acercábamos a la plaza San Martín nos íbamos poniendo más serios y éramos cada vez menos, y al fin cuando crucé la plaza me vi solo, y cuando entré a la estación de ómnibus ya fuimos de nuevo unos cuantos, inclusive un negrito con uniforme de vigilante que se había parapetado detrás de unas gomas y decía que, revolución o no, a él no le iban a quitar el arma, que era un notable máuser del año 1901.
Recuerdo que después volví a encontrarme solo, en la oscurecida calle 54, donde tres cuadras más adelante debía estar mi casa a la que quería llegar y finalmente llegué dos horas más tarde, entre el aroma de los tilos que siempre me ponía nervioso, y esa noche más que otras. Recuerdo la incoercible autonomía de mis piernas, la preferencia que, en cada bocacalle, demostraban por la estación de ómnibus, a la que volvieron por su cuenta dos y tres veces, pero cada vez de más lejos, hasta que la última no tuvieron necesidad de volver porque habíamos cruzado la línea de fuego y estábamos en mi casa. Mi casa era peor que el café y peor que la estación de ómnibus, porque había soldados en las azoteas y en la cocina y en los dormitorios, pero principalmente en el baño, y desde entonces he tomado aversión a las casas que están frente a un cuartel, un comando o un departamento de policía.
Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle, y ese hombre no dijo "Viva la patria", sino que dijo: "No me dejen solo, hijos de puta".
Después no quiero recordar más, ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que dieciocho civiles han sido ejecutados en Lanús, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?
Puedo. Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo, a la novela "seria" que planeo para dentro de algunos años y a otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo. La violencia me ha salpicado las paredes, en las ventanas hay agujeros de balas, he visto un coche agujereado y adentro un hombre con los sesos al aire, pero es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a cien kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba.
Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice:
- Hay un fusilado que vive.
No sé que es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga.
Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte. Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana.
¿Cuánto tiempo hace que está así, como muerto? Ya no sabe. No lo sabrá nunca. Sólo recuerda que en cierto momento oyó las campanas de una capilla próxima. ¿Seis, siete campanadas? Imposible decirlo. Acaso eran soñados aquellos sones lentos, dulces y tristes que misteriosamente bajaban de las tinieblas.
A su alrededor se dilatan infinitamente los ecos de la espantosa carnicería, las corridas de los prisioneros y los vigilantes, las detonaciones que enloquecen el aire y reverberan en los montes y caseríos más cercanos, el gorgoteo de los moribundos.
Por fin, silencio. Luego el rugido de un motor. La camioneta se pone en marcha. Se para. Un tiro. Silencio otra vez. Torna a zumbar el motor en una minuciosa pesadilla de marchas y contramarchas.
Don Horacio comprende, en un destello de lucidez. El tiro de gracia. Están recorriendo cuerpo por cuerpo y ultimando a los que dan señales de vida. Y ahora...
Si, ahora le toca a él. La camioneta se para. El suelo, bajo los anteojos de don Horacio, desaparece en incandescencias de tiza. Lo están alumbrando, le están apuntando. No los ve, pero sabe que le apuntan a la nuca.
Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. Tal vez les extrañe, justamente, que no se mueva. Tal vez descubran lo que es evidente, que no está herido, que de ninguna parte le brota sangre. Una náusea espantosa le surge del estómago. Alcanza a estrangularla en los labios. Quisiera gritar. Una parte de su cuerpo - las muñecas apoyadas como palancas en el suelo, las rodillas, las puntas de los pies - quisiera escapar enloquecida. Otra - la cabeza, la nuca - le repite: no moverse, no respirar.
¿Cómo hace para quedarse quieto, para contener el aliento, para no toser, para no aullar de miedo?
Pero no se mueve. El reflector tampoco. Lo custodia, lo vigila, como en un juego de paciencia. Nadie habla en el semicírculo de fusiles que lo rodea. Pero nadie tira. Y así transcurren segundos, minutos, años...
Y el tiro no llega.
Cuando oye nuevamente el motor, cuando desaparece la luz, cuando sabe que se alejan, don Horacio empieza a respirar, despacio, despacio, como si estuviera aprendiendo a hacerlo por primera vez.
6 de diciembre de 2007
Fan

Andy Summers es el guitarrista de The Police, además de eximio fotógrafo. Pueden ver más de sus fotos acá. Hay muchísimos trabajos excelentes, pero éste me resulto por demás atractivo. El título, Starstruck, es una expresión inglesa que, como su interpretación literal sugiere, se refiere básicamente a quedarse de cara por el shock de conocer a tu ídolo. Y, en la foto, se da una curiosa situación: Andy es a la vez fotógrafo y causante de la reacción de su sujeto. Más que el gesto en el rostro del fan, creo que el centro visual de la fotografía está en el papel colgando de su mano derecha, que ahora yace laxo y olvidado: el objetivo del autógrafo ha quedado atrás momentáneamente ante la emoción paralizadora.
Gracias a Aguilucho por la sugerencia.
3 de diciembre de 2007
Charles Bukowski - La senda del perdedor (Fragmento)
Lo correcto, intelectual y popular, era ir a la guerra contra Alemania para detener el avance del fascismo. En mi caso no tenía ningunas ganas de ir a la guerra para salvar mi modo actual de vida o el posible futuro que me esperaba. Yo no tenía Libertad. No tenía nada. Con Hitler quizás obtuviera un coño de cuando en cuando y una paga semanal de más de un dólar. Además, como había nacido en Alemania, tenía una cierta lealtad natural y no me gustaba ver cómo equiparaban a todos los alemanes con monstruos e idiotas. En los cines aceleraban las imágenes de las noticias para hacer que Hitler y Mussolini parecieran locos frenéticos. También, con todos los profesores en contra de Alemania, descubrí que personalmente me era imposible simplemente estar de acuerdo con ellos. Sin sentirme alienado, pero naturalmente contrariado, decidí oponerme a sus puntos de vista. Nunca había leído el Mein Kampf ni tenía deseos de hacerlo. Para mí, Hitler sólo era otro dictador, sólo que, en vez de mis regañinas a la hora de cenar, probablemente me volara los sesos o las pelotas si iba a la guerra a intentar pararle.
Algunas veces, cuando los profesores hablablan y hablaban sobre los horrores del nazismo (nos enseñaron a escribir "nazi" con "n" minúscula, incluso si encabezaba una frase) y el fascismo, yo me ponía en pie de un brinco y soltaba algún comentario:
- ¡La supervivencia de la raza humana depende de una selección responsable!
Lo que significaba: vigila con quién te vas a la cama; pero yo sólo sabía eso. Realmente mosqueaba a todo el mundo.
No sé de donde sacaba mis discursitos:
- Uno de los errores de la democracia es que el voto universal da lugar a un líder común que nos conduce a una vida vulgar, apática y predecible.
Evitaba cualquier referencia directa a los judíos y los negros, los cuales nunca me habían ocasionado ningún problema. Todos mis problemas provenían de los blancos no judíos. Por lo tanto yo no era nazi por temperamento o elección; fueron los profesores los que me hicieron seguir esa línea por parecerse y pensar como ellos y encima tener un prejuicio antialemán. Además yo había leído por ahí que si un hombre no creía o entendía verdaderamente la causa a la cual se adhería, de algún modo podía ser más convincente, lo que me daba una considerable ventaja sobre los profesores.
- Entrenad un caballo de tiro para convertirlo en uno de carreras y obtendréis un híbrido que no es ni veloz ni fuerte. ¡Una nueva Raza Dominadora surgirá de la selección premeditada y útil!
- No hay guerras buenas o malas. Lo único malo de una guerra es perderla. En todas las guerras ambos lados creen pelear por una Buena Causa. No se trata de saber quién tiene o no la razón, ¡se trata de comprobar quién tiene los mejores generales y el mejor ejército!
Me encantaba. Podía demostrar todo lo que me daba la gana.
2 de diciembre de 2007
El rey puerco me ha vencido
Es encantador...tan encantador. Debo confesarte que algo me he guardado: me dejé ganar y me puse encantador. A mi alrededor todos piensan que bromeo, y es encantador que pueda sentirme así.
Es encantador...tan encantador.
Hay en tu voz un dolor ligero, encantador, con color de pillo.
Es encantador...muy encantador...tan encantador.
Sos titán del sexo, persuasivo y goloso. Tu tipa no ve que es una cerda igual que vos. Te manda mensajes de estrellita caliente, traga y hace muecas, implora y pide más.
Sos encantador...muy encantador
Lengua rosada y de terciopelo, Café del Mar y baladas tontas.
Es encantador...tan encantador. Seco, congelado, tonto y afortunado. Macho tupperware, confortable, tudo bem. Cargás con la madre de todas las resacas. Cara de tapir, de gordito bon-o-bon.
Sos encantador...muy encantador...tan encantador.
(Carlos "Indio" Solari - Te estás quedando sin balas de plata)



